Hoy, Hoy, Hoy, son las bodas del Rey

Las bodas del cielo y la tierra son la primera hierogamia; los dioses se apresurarán a repetirla y los hombres a su vez la imitarán con la misma gravedad sagrada con que imitan todo gesto cumplido en la aurora de los tiempos.

 

La realidad secundaria en la que nos encontramos viene a enseñarnos que partir de la dualidad, de los opuestos complementarios puede llevarse a cabo la manifestación, la vida en este plano de experiencia.

Ya en Kybalion encontramos las siguientes palabras:

El género esta en todo, todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos planos

Entendamos entonces, que al hablar de género no hacemos referencia al sexo, sino a la acción de generar. A partir de lo positivo y lo negativo, de la fuerza activa y la fuerza pasiva, el que da y el que recibe.

 

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Aquellos que recorren el camino de las antiguas enseñanzas herméticas encuentran a su paso una cantidad enorme de información que busca mezclar y/o desvirtuar este principio llevándolo a planos donde la energía puede ser utilizada con diversos fines, como la llamada magia sexual. Sin embargo, es evidente que cada uno de nosotros ha de experimentar y trabajar la energía sexual.

Diferentes tradiciones han entregado al hombre su propia doctrina para el autocontrol y dominio de estos canales energéticos. Desde el despertar de la Kundalini y la respiración del fuego interno, así como el Tantra, o algunas otras como el Tao, la alquimia, cábala y un gran etcétera.

Tal vez, querido lector, te preguntes por qué las doctrinas iniciáticas hacen un énfasis en la exploración de la energía sexual, ya que hace algún tiempo me pregunte lo mismo también. Y por más libros que hablaban sobre la respiración, magia, dualidad, etc., intuía, pero no terminaba de comprender lo siguiente: que estas dos energías debían integrarse, con la finalidad de preparar nuestro primer cuerpos para recibir energías superiores. Y todo comienza en nuestro chacra raíz, donde yace la la serpiente enroscada que ha ascender en nosotros.

 

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Se dice que el artista, el intelectual y en general todos aquellas personas que llevan a cabo grandes empresas que requieren de su total atención y dedicación, están trabajando con una libido desexualizada que se ha sublimado, es decir, que ha cambiado de estado, de lo burdo a lo sutil.

Ya Freud decía que la vida del hombre está regida por dos pulsiones inherentes a nuestra condición: de vida y la muerte, el Eros y Tánatos. El artista, por ponerlo de ejemplo, sublima esa carga libidinal y sustituye la necesidad sexual con su trabajo para generar una obra de arte. El artista está sublimando el sexo, pero deberíamos preguntarnos ¿El sexo qué sustituye?

Una vez que se deja la vida intrauterina nos encontramos llenos de miedo y ansiedad, y es el pecho de la madre lo que le devuelve al niño la tranquilidad que queda ya como reminiscencia de un estado anterior.

“En los humanos, la lactancia es básicamente instintiva durante la primera hora posterior al nacimiento. El principal lugar de contacto empático con la madre es su boca, incluyendo la garganta cuya carga bioenergética libidinal es muy alta. Si el pezón de la madre reacciona a los movimientos de succión del niño de una manera biológicamente normal (empáticamente) y con sensaciones de placer, éste entrará en erección y la excitación libidinal del pezón de la madre se unirá con la excitación libidinal de la boca del lactante, fusionándose uno con el otro” (Frigola : 2017)

En el párrafo anterior ya podemos identificar que lo que busca el infante, es ese estado de fusión que le fue arrebatado al momento de separarse del cuerpo de la madre. El pecho no sólo alimenta, sino que reintegra a estos dos cuerpos (madre e hijo). Sin embargo, esta necesidad no podrá ser siempre saciada. Llegará el momento en que la madre no podrá brindarle el pecho al niño y este, después del llanto y un estado de ansiedad extrema, llevará su mano a la boca y la succionará. Este, queridos lectores es lo que algunos teóricos psicoanalistas consideran como el primer acto creativo del hombre, ya que el bebé ha sustituido el pecho de la madre y a encontrado una solución para su carencia física y emocional ¿Y quién le dio la solución? Su inteligencia.

 

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Entonces, regresemos e intentemos resolver la pregunta anterior; si el artista sublima la sexualidad con el arte, entonces, el sexo sustituye nuestra necesidad de fusión con el otro. Pero, recordemos que no sólo estamos sustituyendo, sino que sublimamos, es decir, de lo burdo a lo sutil, estamos trabajando con energías, vibraciones. Esta fusión es el intento de reintegrarnos con nuestro origen, que obviamente no es nuestra pareja sexual o nuestra madre, sino nuestro origen sagrado y divino; y reconocer en nuestra pareja estos mismos aspectos. Dejajando atrás este pensamiento y sentimiento de separación para reconocernos en Unidad.

En el Evangelio de Tomás podemos encontrar lo siguiente:

Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: «Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino». Ellos le dijeron: «¿Podremos nosotros —haciéndonos pequeños— entrar en el Reino?» Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra deje de ser hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de imágenes, entonces podréis entrar [en el Reino]».

 

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Sin embargo, nuestra tendencia al pensamiento dual nos ha llevado a ver la sexualidad a través del filtro de la pasión o a través del filtro del ascetismo y el rechazo. Actitudes evidentemente polares.

Fragmento de La energía sexual o el dragón aladado de Omraam Mikhaël Aïvanhov

La energía sexual retiene a los humanos en la tierra, pero sin iluminarles, sin unirles a las regiones sublimes de lo más alto. Mientras que la sabiduría que ilumina a algunos Iniciados puede acercarles a esas regiones sublimes, y entonces no tienen ya ningún deseo de seguir viviendo en la tierra. Todos aquellos que han querido suprimir completamente esta energía que Dios les ha dado, sólo desean morir, abandonarlo todo, porque únicamente la energía sexual empuja a mar la vida terrestre, de la cual es requisito esencial. Por lo tanto, nunca hay que suprimir esta energía; todos aquellos que la han suprimido han cometido un gran error. Evidentemente, el deseo del nirvana les justifica, pero lo desean con tan poca cosa, tan débilmente, que me pregunto cuando llegaran, porque para alcanzar el nirvana, debería por lo menos manifestarse el amor de alguna manera…

Un ser verdaderamente iluminado, se une al Cielo, al mismo tiempo que economiza esta fuerza para consagrarla a la realización del Reino de Dios en la Tierra. Participa, pues, de los dos extremos: cuanto más intensamente viva la vida, más se fusionará con el Creador, con el Cielo; y cuanto más intensamente este en el cielo, más trabajará por la tierra. Sólo esta solución es completamente perfecta: al mismo tiempo que vive para el cielo trabaja en la tierra.

 


 

A continuación les comparto un poco de información sobre la hierogamia sagrada. En este canto a Inanna observaremos como se da el encuentro entre los dioses. Pero, recordemos que la verdadera hierogamia ocurre dentro de nosostros cuando hacemos de lo masculino y lo femenino una sola cosa, por arte de sublimación.

 

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La hierogamia o matrimonio sagrado se practicó casi durante 2000 años en Sumeria, Mesopotamia y Egipto. En Sumeria era la ceremonia central en la celebración del año nuevo. Durante esta ceremonia una sacerdotisa de alto rango y el rey representaban a la diosa del amor y la fertilidad, y al dios consorte. El propósito de la unión sexual en el contexto de esta ceremonia era garantizar la fertilidad de los campos, los animales y las mujeres y con ello asegurar el bienestar del pueblo durante todo el año. Hemos tomado como referencia la hierogamia celebrada en Uruk y Ur, entre el 2700 y 2300 a. n. e. entre la diosa Inanna y su amado Dumuzil, porque de ella se han encontrado numerosas tablillas en escritura cuneiforme que relatan el cortejo, los preparativos e himnos del rey/dios a la sacerdotisa/diosa y viceversa.

La pasión y la exaltación de los himnos sumerios nos permiten inferir que la unión sexual en un contexto sagrado y con un propósito cargado con anterioridad permite una importante movilización y acumulación de una energía inspirada, rica en significados. Es una experiencia que produce registros no habituales y estados inspirados de conciencia asociados a la alegría, la vitalidad y el amor por la reiteración de estos atributos en los diferentes himnos.

Continuar lectura en La hierogamia en Sumeria de Madeleine John.

 

Inanna y Dumuzi

 

El hermano habló a su hermana menor.

El Dios del Sol, Utu, habló a Inanna, y dijo:

 

“Joven dama, el lino en su plenitud es bello.

Inanna, el grano brilla en el surco.

Yo lo cavaré por ti. Yo te lo traeré.

Una pieza de lino, grande o pequeña, siempre es necesaria.

Inanna, Yo te la traeré.”

“Hermano, cuando me traigas el lino, ¿quién me lo rastrillará?”

“Hermana, te lo traeré rastrillado.”

“Utu, cuando me lo traigas rastrillado, ¿quién me lo hilará?”

“Hermana, te lo traeré hilado.”

“Hermano, cuando me traigas el lino hilado, ¿quién me lo trenzará?

“Hermana, te lo traeré trenzado.”

“Utu, cuando me lo traigas trenzado,

¿Quién me lo urdirá?”

“Inanna, te lo traeré urdido.”

“Utu, cuando me lo traigas urdido,

¿Quién me lo tejerá?”

“Hermana, te lo traeré tejido.”

“Utu, Cuando me lo traigas tejido,

¿Quién me lo blanqueará?”

“Inanna, te lo traeré blanqueado.”

“Hermano, cuando me traigas mi sábana nupcial,

¿Quién yacerá conmigo?

Utu, ¿quién yacerá conmigo?”

“Hermana, tu novio yacerá contigo.

El que ha nacido de un útero fértil,

Y fue concebido sobre el trono sagrado,

¡Dumuzi, el pastor! Él yacerá contigo.”

 

Inanna habló:

 

“¡No, hermano!

El hombre de mi corazón trabaja con el azadón.

¡El labrador! ¡Él es el hombre de mi corazón!

Recolecta el grano en grandes montones.

Siempre trae el grano a mis almacenes.

 

Utu habló:

 

“Hermana, desposa al pastor.

¿Por qué no quieres?

Su crema es buena; su leche es buena.

Todo lo que toca brilla con resplandor.

Inanna, desposa a Dumuzi.

Tú que te adornas con el collar de ágatas de la fertilidad,

¿Por qué no quieres?

Dumuzi compartirá su rica crema contigo.

Tú que pretendes ser protectora del rey,

¿Por qué no quieres?”

 

Inanna habló:

 

“¡El pastor! ¡No me casaré con el pastor!

Sus ropas son burdas; su lana es áspera,

Desposaré al labrador.

El labrador cultiva el lino para mis vestidos.

El labrador cultiva cebada para mi mesa.”

 

Dumuzi habló:

 

“¿Por qué hablas del labrador?

¿Por qué lo mencionas?

Si te da harina negra,

Yo te daré lana negra.

Si te da harina blanca,

Yo te daré lana blanca.

Si él te da cerveza,

Yo te daré dulce leche.

Si él te da pan,

Yo te daré queso de miel.

Le puedo dar al labrador la crema,

La leche que me sobre.

¿Por qué mencionas al labrador?

¿Qué tiene él más que yo?

 

Inanna habló:

 

“Pastor, si no fuera por mi madre, Ningal, hubieras sido desterrado,

Si no fuera por mi abuela, Ningikuga, hubieras sido desterrado a las llanuras,

Si no fuera por mi padre, Nanna, no tendrías techo,

Si no fuera por mi hermano, Utu—“

 

Dumuzi habló:

 

“Inanna, no comiences un pleito.

Mi padre, Enki, es tan bueno como tu padre, Nanna.

Mi madre, Sirtur, es tan buena como tu madre, Ningal.

Mi hermana, Geshtinanna, es tan buena como la tuya.

Reina del palacio, hablemos de nuevo

Inanna, sentémonos a hablar juntos.

Yo soy tan bueno como Utu.

Enki es tan bueno como Nanna.

Sirtur es tan buena como Ningal.

Reina del palacio, hablemos nuevamente.

 

La palabra que hablaron

Era palabra de deseo.

Desde el inicio del pleito

Llegó el deseo a los amantes.

El pastor fue a la casa real con crema.

Dumuzi fue a la casa real con leche.

Ante la puerta, llamó:

 

“¡Abre la casa, mi dama, abre la casa!”

 

Inanna corrió hacia Ningal, la madre que la parió.

Ningal aconsejó a su hija, y dijo:

 

“Mi niña, el joven será tu padre.

Mi hija, el joven será tu madre.

Te tratará como a un padre.

Te cuidará como a una madre.

¡Abre la casa, mi dama, abre la casa!”

 

Inanna, a la orden de su madre,

Se bañó y se untó con aceite perfumado.

Cubrió su cuerpo con la blanca túnica real.

Preparó su dote.

Arregló sus preciosas cuentas de lapizlázuli alrededor de su cuello.

Tomó su sello en la mano.

Dumuzi aguardaba con esperanza.

Inanna le abrió la puerta.

Dentro de la casa ella brillaba ante él

Como la luz de la luna.

Dumuzi la miró con gozo.

Oprimió su cuello al de ella.

La besó.

Inanna habló:

 

“Lo que yo te diga,

deja que el cantor lo teja en un canto.

Lo que yo te diga,

Deja que fluya de oído a boca,

Deja que pase de viejo a joven:

Mi vulva, el cuerno,

La Barca Celestial,

Está plena de anhelo como la joven luna.

Mi tierra baldía yace estéril.

Y a mí, Inanna,

¿Quién arará mi vulva?

¿Quién labrará mi altiplano?

¿Quién surcará mi tierra húmeda?

Y a mí, la mujer joven,

¿Quién arará mi vulva?

¿Quién apostará los bueyes ahí?

¿Quién arará mi vulva?

 

Dumuzi respondió:

 

“Gran dama, el rey arará tu vulva.

Yo, Dumuzi el rey, araré tu vulva.”

 

Inanna:

 

“Entonces ara mi vulva, ¡hombre de mi corazón!

¡Ara mi vulva!”

 

En el regazo del rey se erguía el cedro ascendente.

Las plantas crecían altas a su lado.

Los granos crecían altos a su lado.

Exuberantes los jardines florecían.

Inanna cantó:

 

“ El ha retoñado; ha brotado;

Es lechuga plantada cerca del agua.

Él es a quien mi útero ama más.

Mi jardín bien aprovisionado de las llanuras,

Mi cebada que crece alta en su surco,

Mi manzano que carga frutos hasta su corona,

El es lechuga plantada cerca del agua.

Mi hombre de miel, mi hombre de miel que me endulza siempre.

Mi señor, el hombre de miel de los dioses,

El es a quien mi útero ama más

Su mano es miel, su pie es miel,

El me endulza siempre.

Mi ansioso e impetuoso acariciador del ombligo,

Mi acariciador de los suaves muslos,

El es a quien mi útero ama más.

El es lechuga plantada cerca del agua.

 

Dumuzi cantó:

 

“O dama, tu pecho es tu campo.

Inanna, tu pecho es tu campo.

Tu amplio pecho derrama plantas.

Tu amplio pecho derrama grano.

Las aguas fluyen de lo alto para tu sirviente.

El pan fluye de lo alto para tu sirviente.

Viértelo para mí, Inanna.

Beberé todo lo que me ofrezcas.”

 

Inanna cantó:

 

“Haz tu leche dulce y espesa, mi desposado.

Mi pastor, beberé tu leche fresca.

Toro salvaje, Dumuzi, haz tu leche dulce y espesa.

Beberé tu leche fresca.

Haz que la leche de cabra fluya en mi corral.

Llena mi mantequera sagrada con queso de miel.

Señor Dumuzi, beberé tu leche fresca.

Esposo mío, cuidaré mi corral para ti.

Cuidaré tu casa de la vida, tu almacén,

El paraje brillante y palpitante que deleita a Sumeria,

La morada que decide los destinos de la tierra,

La morada que da el aliento de vida al pueblo.

Vigilaré tu casa yo, la reina del palacio.”

 

Dumuzi dijo:

 

Hermana mía, iré contigo a mi jardín.

Inanna, iré contigo a mi jardín

Iré contigo a mi huerto.

Iré contigo a mi manzano.

Allí plantaré la dulce semilla, cubierta de miel.”

 

Inanna habló:

 

“Me trajo a su jardín.

Mi hermano, Dumuzi, me trajo a su jardín.

Paseé con él entre los árboles erguidos,

Me paré con él entre los árboles caídos,

Junto a un manzano me arrodillé como se debe.

Ante mi hermano que venía con cantos,

Que ascendió hacia mi desde las hojas del álamo,

Que vino a mí en el calor del mediodía.

Ante mi señor Dumuzi,

Vertí las plantas de mi vientre,

Puse las plantas

Vertí las plantas

Puse el grano

Vertí grano ante él.

Vertí grano de mi vientre.”

 

Inanna cantó:

 

“Anoche mientras yo, la reina, brillaba resplandeciente,

Anoche mientras yo, la Reina del Cielo, brillaba resplandeciente,

Mientras brillaba resplandeciente y danzaba,

Entonando alabanzas a la llegada de la noche

Me conoció — ¡él me conoció!

Mi señor Dumuzi me conoció.

Puso su mano en mi mano.

Oprimió su cuello contra el mío.

Mi alto sacerdote está pronto para la cintura sagrada.

Mi señor Dumuzi está pronto para la cintura sagrada.

Las plantas y las hierbas en su campo están maduras.

¡O Dumuzi! ¡Tu plenitud es mi deleite!”

 

¡Ella lo pedía, lo pedía, ella pedía el lecho!

Ella pedía el lecho que regocija el corazón.

Que endulza la cintura.

Ella pedía el lecho de la majestad,

De la realeza.

Inanna pidió el lecho:

 

“¡Que se prepare el lecho que regocija el corazón!

¡Que se prepare el lecho que endulza la cintura!

¡Que se prepare el lecho de los reyes!

¡Que se prepare el lecho de las reinas!

¡Que se prepare el lecho real!”

 

Inanna extendió la sábana nupcial a través de la cama.

Llamó al rey:

 

“¡El lecho está listo!”

 

Llamó a su desposado:

 

“¡El lecho espera!”

 

Él puso su mano en la suya.

Él puso su mano en su corazón.

Dulce es el sueño de la mano con la mano.

Más dulce aún es el sueño de corazón a corazón.

Inanna habló:

 

“Me bañé para el toro salvaje,

Para el pastor Dumuzi,

Perfumé mis costados con ungüento,

Cubrí mi boca con ámbar de dulce olor,

Pinté mis ojos con kohl.

Él formó mi cintura con sus bellas manos,

El pastor Dumuzi llenó mi regazo con crema y leche,

Acarició mi vello púbico,

Regó mi matriz.

Puso sus manos sobre mi vulva sagrada,

Avivó mi estrecha barca con leche,

Me acarició sobre el lecho.

Ahora yo acariciaré a mi alto sacerdote sobre el lecho,

Acariciaré al fiel pastor Dumuzi,

Acariciaré su cintura, la pastoría de la tierra,

Le decretaré un dulce destino.”

 

La Reina del Cielo,

La heroína, más grande que su madre,

A quien Enki obsequió los me,

Inanna, la Primera Hija de la Luna,

Decretó el destino de Dumuzi:

 

“En batalla soy tu caudillo,

En combate soy el portador de tu armadura,

En la asamblea soy tu abogado,

En campaña soy tu inspiración.

Tu, el pastor elegido del recinto sagrado,

Tu, el rey, el fiel proveedor de Uruk

Tu, la luz del gran santuario de An,

De todas las maneras eres apto:

Para sostener tu cabeza alta bajo el encumbrado dosel,

Para sentarte en el trono de lapizlázuli,

Para cubrir tu cabeza con la corona sagrada,

Para vestir túnicas largas sobre tu cuerpo,

Para ceñirte con las vestiduras de la realeza,

Para portar el mazo y la espada,

Para guiar con puntería el arco largo y la flecha,

Para abrochar la vara y la honda a tu costado,

Para correr por las calles con el cetro sagrado en la mano,

Y las sandalias sagradas en tus pies,

Para cabriolar sobre el pecho sagrado como un becerro de lapizlázuli.

Tú, el corredor veloz, el pastor elegido,

De todas las maneras eres apto.

Que tu corazón goce largos días.

Aquéllo que An ha determinado para tí — que no sea alterado.

Aquéllo que Enlil ha concedido — que no sea alterado.

Eres el favorito de Ningal.

Eres preciado por Inanna.”

 

Ninshubur, la fiel sirviente del recinto sagrado de Uruk,

Condujo a Dumuzi hacia los dulces muslos de Inanna y habló:

 

“Mi reina, he aquí la elección de tu corazón,

El rey, tu amado desposado.

Que pase largos días en la dulzura de tus sagrados muslos.

Otórgale un reinado favorable y glorioso.

Concédele el trono real, firme en sus cimientos.

Concédele el cayado de los juicios de los pastores.

Concédele la corona permanente con la noble y radiante diadema.

Desde donde el sol asciende hasta donde el sol se oculta,

Del sur al norte,

Desde el mar superior hasta el mar inferior,

Desde la tierra del árbol huluppu hasta la tierra del cedro,

Que su cayado de pastor proteja toda Sumeria y Acadia.

Como labrador, que sus campos sean fértiles,

Como pastor, que sus rebaños se multipliquen,

Que bajo su reinado haya vegetación,

Que bajo su reinado haya riqueza de grano.

En las tierras pantanosas que haya peces y parloteo de aves,

En el cañaveral que los juncos jóvenes y los viejos crezcan altos,

En las llanuras que los árboles mashgur crezcan altos,

En los bosques que los venados y las cabras salvajes se multipliquen,

En los huertos que haya miel y vino,

En los jardines que la lechuga y el berro crezcan altos,

En el palacio que haya larga vida.

Que haya crecida en el Tigris y el Eufrates,

Que las plantas crezcan altas en sus riberas y llenen las vegas,

Que la Señora de la vegetación apile el grano en montones y cúmulos.

Oh mi Reina del Cielo y de la Tierra,

Reina de todo el universo,

Que él disfrute de largos días en la dulzura de tu cintura sagrada.”

 

El rey fue con la cabeza en alto hacia la cintura sagrada.

Fue con la cabeza en alto hacia la cintura de Inanna.

Fue hacia la reina con la cabeza en alto.

Abrió con amplitud sus brazos a la sacerdotisa sagrada del cielo.

Inanna dijo:

 

“Mi amado, deleite de mis ojos, ven a mí.

Nos regocijamos juntos.

Tomó su placer de mí.

Me trajo a su morada.

Me tendió en el lecho fragante de miel.

Mi dulce amor, que yace junto a mi corazón,

Con juegos de lengua, una por una,

Mi hermoso Dumuzi lo hizo cincuenta veces.

Ahora, mi dulce amor está saciado.

Ahora dice:

‘Libérame, mi hermana, libérame.

Serás la hija pequeña de mi padre.

Ven, mi amada hermana, debo ir al palacio.

Libérame…..’”

 

Inanna dijo:

 

“Mi portador de capullos, tu seducción fue dulce.

Mi portador de capullos en el manzanal,

Mi portador de fruta en el manzanal,

Dumuzi-abzu tu seducción fue dulce.

Mi intrépido,

Mi estatua sagrada,

Mi estatua ataviada con espada y diadema de lapizlázuli,

Qué dulce fue tu seducción…

 

(Canto de Inanna. Sumeria. 3500 a 2000 a.C.)

 


 

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3 comentarios sobre “Hoy, Hoy, Hoy, son las bodas del Rey

  1. (XD!) ¡Good question…! (I guess).

    Surcamos senderos muy parejos en nuestros respectivos trasiegos de estudio, búsqueda y pesquisa, Anatta. De ahí que te sienta tan telepática, hasta lo ciertamente sospechoso, diría.

    Últimamente… poco tiempo para WordPress, sus blogs y sus bloggers… (me included).

    Por eso cuando entro en estas cuentas me enfoco en lo esencial: Escudriñando Uroboros, Anattas, Anatmans, Anandas y contados referentes prolijos en contenidos avant-garde, donde los haya.

    ….

    Y en respuesta a tu pregunta:

    El arte de sobrevolar universos alternativos, de ensoñación a sueño… de realidad objetiva a paisajes de observación subjetiva y privada, donde el único vector de creación subyace en el ‘mí mismo’.

    Y una vez allí, se comprueba una vez más que la ‘seidad’… está sola.

    Y aún así, lo difícil es hacerlo preservando de por siempre la memoria; requiere mucha técnica. Pero una vez logrado se enfila el pico y las alas hacia la noción más utópica de todas: La inmortalidad más prístina.

    Porque al final, ni materia ni energía conformaban el tuétano del mundo o de los mundos que hollábamos amnésicos, vida tras vida.

    Se trataba pues, tan solo, de cuantos de información.

    ….

    Durante estos lapsos de encrucijadas ex-tempora… te seguiré pues, a distancia y con retraso; literal, virtual o telepáticamente, Anatta; (a mi parecer… siempre a la vanguardia).

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