Uniones

En algún sitio tienen que oirse dos voces. Acaso no esten más que contiguas y entremezcladas, mudas, en las hojas de un diario; la voz oscura, profunda de la mujer, afirmada de repente, de un brinco, en torno suyo, tal y como lo disponen las páginas, rodeada por la voz del hombre, suave, lejana, ensanchada, esa voz ramificada, inacabada, por entre la que asoma lo que ella aun no ha tenido tiempo de tapar. Acaso tampoco esto. Acaso haya un punto en algún sitio del mundo hacia donde salen disparadas y en donde se entrecruzan como dos rayos esas dos voces que, de ordinario apenas si despuntan de entre la apagada confusión de los ruidos cotidianos, en algún sitio, acaso se deberia querer buscar ese punto, cuya cercanía sólo se percibe por un cierto desasosiego, como si se tratara del movimiento de una música que, todavía no al alcance del oído, deja su huella de pesados y confusos pliegues en la no rasgada cortina de la lejanía. 

Acaso pudiera ocurrir que estas dos piezas saltaran juntas, desde su enfermedad y debilidad, hacia lo claro, diurno, erguido.

 

Robert Musil


 

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