Lo que falta

En general, lo que tenemos delante de nuestros ojos es más real que lo que vemos.

Eso es así en todos lo niveles de la existencia.

Lo que falta es más poderoso que lo que tenemos delante de los ojos. Todos lo sabemos. El único problema es que la ausencia es demasiado difícil de soportar, de manera que nuestra desesperación, inventamos cosas para echarlas de menos. Todos son sucedáneos temporales. El mundo nos llena de sucedáneos temporales. El mundo nos llena de sucedáneos e intenta convencernos de que nada falta, pero nada tiene la capacidad de llenar el vacío que tenemos en nuestro interior, de manera que tenemos que ir sustituyendo y modificando lo que inventamos mientras nuestro vacío proyecta su sombra sobre nuestra vida.

La misma situación se da con frecuencia en quienes no han conocido a sus padres. El progenitor desconocido proyecta un encantamiento sobre los rincones más recónditos de la existencia del hijo y este esta siempre a punto de encontrarlo en forma de algo o de alguien, pero nunca lo consigue.

Y también puede verse en la gente que ama lo divino o a Dios, que echa de menos lo que ni siquiera existe para otros. La gente que quiere cualquier cosa corre el riesgo de que sus deseos se cumplan. Pero cuando los deseos son mucho mayores que uno mismo, nunca se corre el peligro de que se satisfagan. Y, sin embargo, sucede algo muy extraño. Cuando uno quiere una cosa y rechaza todo lo demás, esta acaba sucediendo. La gente que ama lo divino va con un agujero en el corazón, dentro del cual se encuentra el universo. De ellos se trata este libro.

Y existe un gran secreto: todos sentimos en nuestro interior, esta gran ausencia. La única diferencia entre nosotros y los místicos reside en que ellos aprenden a hacer frente aquello que nosotros rehuimos. Por este motivo el misticismo ha quedado relegado a la periferia de nuestra cultura: porque cuando más sentimos esa nada dentro de nosotros, más intensa es la necesidad de llenar el vacío. De manera que intentamos de llenarlo con esto y aquello. Seguimos desenado algo más, necesitando otra necesidad para seguir adelante: hasta que llegamos al momento de nuestra muerte y nos encontramos con que seguimos deseando los miles de sucedáneos que ya no podemos tener.

[…]

Incluso la religión, la espiritualidad y las mas altas aspiraciones de la humanidad se convierten en maravillosos sucedáneos. Y eso es lo que sucedió con la filosofía. Lo que para nuestros antepasados eran caminos de libertad, para nosotros son cárceles y jaulas. Creamos esquemas y estructuras, trepamos por ellos y nos metemos dentro: pero estos no son mas que travesuras y juegos de salón para consolarnos y distraernos de los deseos de nuestro interior.

Cuando uno se aleja de todos los sustitutos, de repente ya no hay futuro, sólo presente. No hay lugar a donde ir, y ese es el mayor terror al que se puede enfrentar nuestro pensamiento. Pero si uno es capaz de quedarse en ese infierno, sin camino al que ir a la derecha ni a la izquierda, ni delante ni detrás., entones descubre la paz de la absoluta quietud, la calma que esta en el corazón de esta historia.

En los oscuros lugares del saber – Peter Kingsley


 

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