Bienaventurados los solitarios y los elegidos

 

Estas son las palabras secretas que pronunció Jesús el Viviente y que Dídimo Judas Tomás consignó por escrito.

1. Y dijo: «Quien encuentre el sentido de estas palabras no gustará la muerte».

2. Dijo Jesús: «El que busca no debe dejar de buscar hasta tanto que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y tras su estremecimiento se llenará de admiración y reinará sobre el universo».

3. Dijo Jesús: «Si aquellos que os guían os dijeren: Ved, el Reino está en el cielo, entonces las aves del cielo os tomarán la delantera. Y si os dicen: Está en la mar, entonces los peces os tomarán la delantera. Mas el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y caeréis en la cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumidos en la pobreza y sois la pobreza misma».

[…]

18. Dijeron los discípulos a Jesús: «Dinos cómo va a ser nuestro fin». Respondió Jesús: «¿Es que habéis descubierto ya el principio para que preguntéis por el fin? Sabed que donde está el principio, allí estará también el fin. Dichoso aquel que se encuentra en el principio: él conocerá el fin y no gustará la muerte».

19. Dijo Jesús: «Dichoso aquel que ya existía antes de llegar a ser. Si os hacéis mis discípulos (y) escucháis mis palabras, estas piedras se pondrán a vuestro servicio. Cinco árboles tenéis en el paraíso que ni en verano ni en invierno se mueven y cuyo follaje no cae: quien los conoce no gustará la muerte».

[…]

22. Jesús vio unas criaturas que estaban siendo amamantadas y dijo a sus discípulos: «Estas criaturas a las que están dando el pecho se parecen a quienes entran en el Reino». Ellos le dijeron: «¿Podremos nosotros —haciéndonos pequeños— entrar en el Reino?» Jesús les dijo: «Cuando seáis capaces de hacer de dos cosas una, y de configurar lo interior con lo exterior, y lo exterior con lo interior, y lo de arriba con lo de abajo, y de reducir a la unidad lo masculino y lo femenino, de manera que el macho deje de ser macho y la hembra deje de ser hembra; cuando hagáis ojos de un solo ojo y una mano en lugar de una mano y un pie en lugar de un pie y una imagen en lugar de imágenes, entonces podréis entrar [en el Reino]».

[…]

49. Dijo Jesús: «Bienaventurados los solitarios y los elegidos: vosotros encontraréis el Reino, ya que de él procedéis y a él tornaréis».

50. Dijo Jesús: «Si os preguntan: ¿De dónde habéis venido?, decidles: Nosotros procedemos de la luz, del lugar donde la luz tuvo su origen por sí misma; (allí) estaba afincada y se manifestó en su imagen. Si os preguntan: ¿Quién sois vosotros.?, decid: Somos sus hijos y somos los elegidos del Padre Viviente. Si se os pregunta: ¿Cuál es la señal de vuestro Padre que lleváis en vosotros mismos?, decidles: Es el movimiento y a la vez el reposo».

Versión completa en Evangelio de Tomás – texto copto de Nag Hammadi


“¡Qué lugar tan sereno! No sin razón pienso que se debe llamar la alcoba. Por que en ella no se siente a Dios como turbado por su cólera, ni se le ve como dominado por la preocupación. Se saborea en él una voluntad de bien, benévola y perfecta. Esta visión nos tranquiliza, apacigua; no provoca una curiosidad inquieta, sosiega; no fatiga el espíritu, tranquiliza. Aquí se descansa realmente. Dios en su serenidad lo serena todo; mirar su paz es pacificarse, es contemplar al Rey que tras sus diurnos oficios forenses, alejado del gentío y apartado de toda preocupación molesta, se encamina de noche al albergue, entrando en la alcoba con unos pocos a quienes distingue con esa íntima familiaridad, para descansar allí con tanta más seguridad cuanto más retirado, con tanto más sosiego cuanto más plácidamente contempla solo a los que ama.”

Bernardo de Clairvaux.

 


 

Los solitarios son aquellos que físicamente o en pensamiento se aíslan del mundo y su distorsión de la Verdad.

Este hondón [la soledad en el fondo del alma a la que se refiere el evangelio de Tomas]  ha de buscarse y encontrarse. El hombre ha de entrar en esta casa y desasirse de todos los sentidos y de todo cuanto es sensorial, de todas las imágenes y formas que han sido aportadas e importadas por los sentidos, de todo lo que la imaginación, esa creadora de formas, y sus representaciones sensoriales han aportado alguna vez al modo que les es propio, incluso en las imágenes racionales [conceptos] y de los efectos de la razón [pensamientos] según su modo racional de actuar. Cuando el hombre entra en esta casa y ve allí a Dios, la casa se vuelve al revés y entonces Dios le busca y revuelve esta casa una y otra vez, como alguien que está buscando… Todos los modos, todas las luces, todo lo que se da y revela o que pasó alguna vez se resuelve en esta búsqueda”.

Juan Taulero


 


 

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3 comentarios sobre “Bienaventurados los solitarios y los elegidos

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