El libre albedrío

Hace muchos años cuando el hombre se vio perdido frente a la inmensidad que se abrió ante él, y de su necesidad de controlar la oscuridad, el vacío y el caos, surge en el hombre su capacidad de abstracción; misma que culmina con el desarrollo del pensamiento simbólico.

El hombre se ha vuelto consciente de si mismo, de su entorno y de como este trastoca su ser. Ahora el hombre no tiene sólo un presente, si no un pasado y un futuro. Y con esto logra existir en diferentes dimensiones.

Existo, soy un Yo, frente a mí se encuentra el Otro. Soy el hombre y el mundo está allá.

Y así, día a día hasta llegar al hoy, el hombre de forma automática y velada va construyendo su realidad. ¿Cómo entendemos la realidad? ¿Cómo exploramos el mundo que nos rodea? ¿Cómo nos experimentamos en él? Se dice, que primero sentimos, después percibimos, luego experimentamos la emoción y, si esta es profunda, se ha de convertir en sentimiento.

Siguiendo el esquema tradicional de percepción de nuestra realidad tangible, la información de lo que nos rodea llega a partir de nuestro contacto con los objetos sensibles y nuestros sentidos. El cerebro es quien transforma esta información en señales eléctricas que serán transmitidas y traducidas por nuestros nervios, neuronas, etc. La sensación es pura descarga de contacto, no significa nada, porque nada aun ha adquirido significado.

La percepción es el estado donde el hombre, a partir de sus vivencias y de todo lo experimentado, su Yo colma de significado a esas señales eléctricas que surgen de nuestro contacto con el objeto sensible, y entonces podemos pensarlo, podemos traducirlo en conceptos y nuestro caos de señales eléctricas, adquieren un orden. Pero si nuestra percepción esta construida a partir de nuestras experiencias previas, entonces todo aquello que percibimos, o sea nuestra realidad no es más que una construcción. La realidad se construye a partir de las vivencias, de todo lo que hemos amado, de todo el miedo y abandono que nuestro Yo ha registrado. Esta percepción de la realidad es automática, no hay tiempo de reflexión, y en caso valdría la pena preguntarse ¿Qué es el libre albedrío?

Definición: es la potestad que el ser humano tiene de obrar según considere y elija. Esto significa que las personas tienen naturalmente libertad para tomar sus propias decisiones, sin estar sujetos a presiones, necesidades o limitaciones, o a una predeterminación divina.

Pero, si el ser humano construye su realidad tangible a partir de percepciones llenas de subjetividades y apegos a imágenes mentales que hemos registrado desde nuestra primera infancia. Lo que constituye mi Yo, mi Ethos, mi personalidad y por ende mi visión de la vida estará esclavizada a estas imágenes.

Pongamos un ejemplo que me parece oportuno para hablar sobre si verdaderamente existe el libre albedrío o si nuestras elecciones se basan en decisiones conscientes, para esto citaré el famoso experimento de Libet:

“En la década de los ‘80, Benjamin Libet demostró en una serie de experimentos que, aproximadamente 550 ms (milisegundos) previos a la acción de mover un dedo, en lo que sería una aparente decisión voluntaria, se puede detectar cierta actividad eléctrica en el área motora del cerebro. Aparentemente nuestro cerebro, mediante procesos que escapan de nuestro pensamiento, habría elegido por nosotros. El cerebro toma una decisión acerca de la acción antes de que exista alguna intención consciente de hacerlo”.

El mundo que, sorprendido, este experimento atentaba contra una de las más grandes ilusiones de la humanidad, su libre albedrío. Este experimento en realidad es muy simple de explicar: para que seamos capaces de observar lo que nos rodea, los fotones entran por nuestras retinas y viajan hasta la zona occipital de nuestro cerebro, donde el lóbulo será el encargado de procesar las imágenes, de “transformar esa imagen inicial en un precepto coherente que servirá de guía a la hora de interactuar con el mundo ya que la imagen del mundo que nos llega a la retina está invertida, es bidimensional y, para colmo, aparece borrosa y movida”.

Sin embargo, todo este recorrido toma su tiempo. Para darle sentido a la imagen la mente debe construir lo que se percibe:

“El cerebro no tiene ninguna posibilidad de alcanzar la velocidad de los acontecimientos, ni por tanto de atrapar el tiempo que transcurre, ya que el tiempo de nuestras percepciones está retrasado alrededor de medio segundo respecto al tiempo real” Benjamín Libet.

Vivimos en el pasado, pero todo exige una respuesta inmediata, entonces la Mente anticipa cómo una respuesta a las exigencias del entorno. Y ¿Cómo anticipamos? Con base a nuestras experiencias previas; por lo tanto, a mayor cantidad de experiencias mayor respuesta de anticipación. De esta forma decidimos, construimos antes de que el Yo mismo sea consciente de ello.

Decíamos, que este ordenamiento es producto del pensamiento, cuando siento y percibo le otorgo a esta imagen una carga afectiva inconsciente, que me llevará inmediatamente a experimentar una emoción, que estará asociada a mi percepción del objeto. Si esta emoción (es) adquiere un nivel importante de profundidad se ha convertir en un sentimiento. Volvemos a la pregunta ¿Puede el hombre elegir libremente? ¿Sin esa carga afectiva y subjetiva, repleta de vivencias, así como de de castigos y recompensas? ¿Podemos si quiera ser conscientes de este proceso de experimentación de la realidad tangible? Porque si ni siquiera hay consciencia, cómo podemos hablar de libertad.

El Ego, nos ha protegido siempre, esta ahí para permitirnos experimentarnos en este realidad secundaria y dual. Hemos estado tan dormidos que se ha hecho de un control absoluto de nuestras acciones. El Ego siempre será reactivo, defensivo, juicioso ¿Por qué? Porque en el pasado se ha sentido lastimado, porque no respondieron a sus necesidades afectivas, porque no fue amado lo suficiente, porque tiene miedo. Todas sus pataletas, su rabia contra esta serie de ficciones, no son más que gritos en una habitación vacía. Gritos que ridículamente dirigen nuestros pasos.

¿Cómo hablar de la Belleza?

Pondré otro ejemplo, que utilizo para ilustrar la relación entre Ego, el Juicio y la Libertad, todo esto a partir del Arte.

Las categorías estéticas están relacionadas “a la impresión afectiva y las sensaciones que una obra de arte hace experimentar debido a cómo actúa en el subconsciente del ser humano respecto a su juicio estético. La categoría principal de la estética es lo bello y partir de ella existen otras siendo las más relevantes lo sublime, la fealdad, lo trágico, lo cómico, y lo grotesco”.

Frente a la obra, el espectador vive una experiencia estética, que se produce cuando el espectador entra en comunicación con la obra y ésta le emociona. Esto quiere decir, que la obra fue capaz de revelar, de traer a la superficie la vida interior de quien observa. Y qué sin importar a que categoría pertenezca sea considerada una obra de arte.

Si en una galería exhiben el Narciso de Caravaggio, y en toda la sala se cuentan un total de 10 espectadores, ¿Serán una o diez las obras montadas en esa sala? Recordemos el proceso de experimentación de la realidad: sentidos, percepción, emoción, sentimiento. Tendiendo esto en cuenta el Narciso será una obra distinta para cada uno de los participantes, porque será construida a partir de la vida interior de cada espectador y, a la que sin importar a la categoría que pertenezca considerará Bella. Entonces cabría preguntarnos:

¿Quién es el artista y quién el espectador?

¿Cómo hablar de Libertad?

Dentro de las enseñanzas hinduistas, existe una analogía tradicional en la que se compara al cuerpo humano con un carro de caballos:

“Tú, conoce al ser individual (ātman) como el dueño del carro, y al cuerpo ciertamente como el carro. Conoce al intelecto (buddhi) como el auriga, y a la mente (manas) ciertamente como las riendas. Los sentidos, dicen, son los caballos, y los objetos de los sentidos son los caminos”.

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Nuestro espíritu nos habla a través del Alma, pero casi no lo escuchamos, porque nuestro Ego, habla demasiado, grita. Hay tanto ruido, que pareciera que el Alma ha enmudecido. Esta analogía me llevo a imaginar un escenario:

En un carro van los siguientes personajes principales: El Alma (pasajero) y el Mente-Ego (cochero), las riendas (pensamientos), los caballos (sentidos) y la naturaleza (objetos sensibles).

Dos escenarios posibles:

  1. El Alma sube al carro, le da las indicaciones al cochero, quien al principio las seguía correctamente, pero como es quien se ha hecho cargo durante tanto tiempo del carro, ha dejado de escucharle y decide con base a sus experiencias previas que ha ido recogiendo en el camino a casa. Y sin darse cuenta se ha perdido, recuerda que tenía que llegar a cierto lugar, pero es sólo una reminiscencia.
  2. El Alma sube al carro, le da las indicaciones al cochero, quien al principio las seguía correctamente, pero como es quien se ha hecho cargo durante tanto tiempo del carro, ha dejado de escucharle y decide con base a sus experiencias previas que ha ido recogiendo en el camino a casa. Y sin darse cuenta se ha perdido, recuerda que tenía que llegar a cierto lugar, pero es sólo una reminiscencia. Entonces el cochero guarda silencio, olvida sus juicios sobre la “realidad”, ya que sólo así podrá discernir entre la voz de su Personalidad y la voz del Alma, ese viejo pasajero que le sigue hablando a cada paso. El cochero comienza a reconocer que tal vez han sido los caballos (sentidos) quienes han dirigido las riendas (pensamientos) y no al contrario, como él pensaba. Cuando el cochero observa, las riendas quedan libres de apegos a la naturaleza (objetos sensibles), y cuando él pone toda su fuerza de voluntad para observar en lugar de reaccionar, deja de llamarse Ego y se convierte en Mente. Ahora esta listo para seguir las indicaciones del Alma.

¿Cuando podríamos hablar de libertad?

Imaginemos que todo aquello que observamos, escuchamos, tocamos es una obra de arte. Cuando el ser humano sea capaz de observar sin juzgar, cuando sea capaz de encontrar la belleza en lo feo, lo trágico y grotesco de su vida. Sólo entonces, podríamos hablar de una libertad verdadera.


 

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4 comentarios sobre “El libre albedrío

  1. El libre albedrío no existe, es un fantasma como el espectador del teatro cartesiano. Todo está condicionado, incluso nuestra voluntad y mucho más nuestras acciones. Es por ello que se necesita de la reprogramación conductivista para eliminar las impurezas mentales, apego y aversión.
    De eso va el noble octuple camino, aunque nadie se haya dado cuenta en 2500 años…

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    1. Totalmente de acuerdo.

      Es el Ego quien cree que existe en tal libertad, pero todo esta condicionado desde que todo es percepción. Y, precisamente es la búsqueda de la realización de lo incondionado un camino que me atrevería a afirmar que lleva más de 2500 años, rayando en talvés en la protohistoria.

      Un cordial saludo!

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      1. Ese camino lo cerró el Buddha a su salida. Es algo que nadie quiere aceptar. El primer Concilio a los 3 meses y 5 días fue cismatico. Y ese cisma fue la venganza de Devadatta por medio de su cómplice en el intento de asesinato del Buddha, el rey de Maghada, Ajjatusattu. El rey encarga de Mahakassapa, quien se pensaba que iba a ser el heredero del Buddha y se.quedo frustrado y éste a Ananda, un inútil incapaz de iluminarse para que explique los suttas, entre ellos, como se practica y a Upāli, un laico para que sea el ponente del vinaya.
        Una pura venganza

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  2. Hay muchas “ilusiones de la humanidad, su libre albedrío” dice el presente texto, se implica en los condicionantes sociales civilizaciones y si de hare krishna se refiere el dulce amo requiere dieta y un tambor que se sumerja en las palpitaciones del alma o psíquica entre nosotros.

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