Pero hay un árbol, entre muchos, uno

Sucedió una vez, cuando la pradera, la arboleda y el riachuelo,

la tierra y cada vista común,

a mi parecer

ataviado en luz celestial,

con la gloria y la frescura de un sueño.

No es ahora como había sido antaño

volver donde quiera que pueda,

de noche o día,

las cosas, las cuales he visto y ahora no puedo ver más.

 

IV

 

Pero hay un árbol, entre muchos, uno,

una única pradera que yo había contemplado:

ambos evocan algo que se ha perdido;

a mis pies, el nomeolvides reitera

idéntico recuerdo.

¿A dónde ha huido el resplandor visionario?

¿Dónde están ahora la gloria y el ensueño?

 

Oda a la inmortalidad – William Wordsworth

 


 

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