Humanos, tan solo

Lo primero que pensé fue: déjalo pasar.

Y me detuve.
Pero todo lo demás siguió avanzando

Estoy sobre la tierra.
Mis brazos se agitan en una lucha inútil.
Mi garganta se ha cerrado y mis ojos suplican por la alcanzar una débil respiración.

Sólo un poco más de aire, por favor.
Y me detuve.
Y el tiempo también.

Estoy sobre la tierra.
Tan quieta y en silencio, que soy capaz de percibir ese hilo de aliento que regresa a mis pulmones. Mi mente me ha dejado tranquila.
El cielo se expande a profundidad, y entonces, el instante reaparece con toda violencia.

Nunca vi una noche más estrellada.
¿Así la habrá visto Van Gogh?
No, esa noche será sólo mía.

Para siempre.

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