Niños malos, no. Niños terribles, tal vés.

Cuando investigamos sobre trastornos de personalidad debemos recordarnos hacerlo sin juzgamiento y amablemente. Partiendo de ahí, encontré que en el caso del trastorno límite de personalidad, al ser parte del Eje B (dramático-emocionales) se convierte en uno de los trastornos más complicados, y que a su vez menos empatía genera.

¿Por qué estigmatizar un diagnostico tan complejo y tan presto a las comorbilidades? No lo sé. Lo cierto, es que por esta falta de criterio muchos “profesionales de la salud mental” (cuyo trabajo consiste en proporcionar la terapia adecuada a este tipo de pacientes), se predispongan tomando una actitud defensiva hacia el paciente, quien inevitablemente puede llegar a abandonar la terapia.

Cómo muestra, la risible actitud de estos terapeutas con comentarios tan penosos como: “alejaos de esas personas”.

 

 

Muy parecido a “Dile NO a esa persona y cuéntaselo a quien más confianza le tengas, tú vales mucho y mereces respeto. Mucho ojo he”.

Acá un vídeo menos tendencioso (SPOILER – tampoco hay finales felices 😢)

 

 

Niños malos, no. Niños terribles, tal vés.

 

 

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