Sentí en la nieve la vida y me vi morir

Hoy iba a ser un buen día, haría buen clima, seríamos funcionales.

Y todo estaría bien.

Pero en el camino apareciste tú, tras de un cristal y envuelto en un abrazo repulsivo.

Intenté darte una sonrisa buscando las palabras o el gesto adecuado para calmar tu miedo, nuestro miedo. Pero te falle. Me paralice.

Mientras tanto, los coches tras de mi se mostraban inquietos.

Saqué unas monedas y me fui. Que vergüenza.

Como una mantra, repetía lo siguiente:

“En unas horas llegaré a casa, tú vendrás conmigo y aunque duela, lo resolveremos.

Te lo prometo”.


HASTA EL FINAL

Hugo Mújica

Vi un perro negro muerto
en la calle,
aplastado en medio de la acera, manchado,
porque nevaba.

Vi la vida, allí mismo,
y no había más que eso: la coartada
del inocente: pagarlo todo.

Sentí en la nieve la vida y me vi morir
como un animal que se resiste
hasta lo último

hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,
el que pide perdón por todo crimen ajeno:
el que perdona a dios.

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