Eros y Psique: la mortificatio

Tristeza y Ansiedad: guardaespaldas de Venus

Venus recibe a Psique y la entrega a otras dos sirvientas suyas: Ansiedad y Tristeza. Y aquí la situación pasa a un plano de abierta crueldad. Apuleyo presenta a estas dos sirvientas de Venus y la imaginería dice que la diosa del amor tiene por ayudantes, bien pudiéramos decir por guardaespaldas, nada menos que a Ansiedad y Tristeza.

[…]

A estas alturas del siglo XX, la crueldad es uno de los verdaderos y auténticos retos al estudio del alma humana, pues el escenario actual esta tan cargado de crueldad que hacernos una visión de esta demanda nuestro mayor esfuerzo psíquico. Lo que podemos estudiar se nos escapa, pues nos cuesta conectarnos con lo que estudiamos e identificarlo en nosotros. Siglos de bondad religiosa parecen habernos hecho cada vez más inconscientes de nuestra propia crueldad. Y, desde luego, entonces la proyectamos: son crueles los otros, no nosotros.

Pero volvamos a la narrativa. Después que esa mezcla de ansiedad y tristeza se ensañan contra Psique, la mismísima Venus muestra su crueldad:

…Venus entre nuevas risas añade: “mirad…”. (EP:175)

Un maltrato de tal magnitud puede dar al traste con una vida. Sabemos de muchos que quedaron paralizados en este nivel por el resto de sus días. La psique no volvió a funcionar más, el maltrato la paralizo y su elemento esencial, el movimiento psíquico fue destruido. 

En el cuento de Apuleyo es Venus quien maltrata a Psique e intenta destruirla, pero afortunadamente no lo logra y Psique se repone.

El maltrato de la culpa

Hay otro plano en el maltrato a Psique al que quiero referirme. No es tan evidente como el maltrato físico, pero tiene otras complejidades y es central en la religiosidad y la cultura occidental […] Psique es culpable de la llaga de Eros. Así la narrativa nos mueve a que nos detengamos en algo tan en algo tan importante como el maltrato por la culpa.

Hay complejos en uno, pedazos de historia, tan cargados de culpa que nos pueden paralizar, enfermar o llevar a estados donde todo el vivir está impulsado por sentimientos autónomos de culpa […] A veces sucede que nos hacemos culpables, de manera descabellada, de algo en lo cual ni remotamente hemos intervenido, y a la vez, de la misma manera descabellada, hacemos culpables a los otros de las cosas que, si las vemos con un poco de psique, están tremendamente lejos, no nos son cercanas.

En la culpabilidad hay una inflación: una identificación con elementos que nos sobrepasan. Nos identificamos con fuerzas impersonales, con algo que no nos pertenece, con arquetipos y dioses que están más allá de nuestras posibilidades humanas; y así nos estamos deshumanizando. Como estamos inflados la psique no se mueve y no hay posibilidad de darle paso a nuevas imágenes que nos nutran y vivifiquen. La culpa nos puede mantener también en un equilibrio precario, sin avanzar o retroceder, viviendo con tremendas limitaciones. Puede preservar de la psicosis y de explosiones mayores, pero al mismo tiempo nos mantiene en un vivir que no es psíquico.

Puede que este maltrato inicial infringido a Psique sea una condición necesaria para que ella se abra a la serie de trabajos que sigue. Al aceptar la imaginería de la crueldad, de la crueldad afrodisíaca y erótica de la que estamos tratando, se abre la posibilidad de transformación de esos contenidos y de enriquecer la personalidad en vez de destruirla con la culpa.

Los trabajos de Psique: la mortificatio

Para ver la transformación que produce la crueldad vamos a detenernos en la imagen de la disociación que nos da Apuleyo más adelante. Con ella comienza otra parte del cuento: la de las tareas de Psique.

…Luego [Venus] manda que le traigan trigo… (EP:175-176)

[…]

Sabemos algo sobre los elementos transformadores moviéndose hacia la conciencia a través de la imaginería de crueldad. Viene al caso introducir aquí un término de la alquimia: la mortificatio. El alquimista realiza la mortificatio colocando la sustancia en el fondo de un mortero y pegándole con el mazo, fragmentándola en miles de pedazos, para que esa sustancia se transforme. Conectar la crueldad que se ejerció sobre Psique con esta simbólica alquímica es otra manera de ver psíquicamente a través de esas imágenes para encontrar su sentido. El alquimista en realidad está jugando en su laboratorio alquímico con la locura, pues la locura siempre aparece como fragmentación. Y al tener la locura bajo el control del mazo del mortero, al torturar la sustancia, el alquimista proyecta sobre ella una transformación y también así se opera una transformación psíquica.

Primera tarea: ordenar y clasificar

La imagen es una prueba para Psique ante la condición psicótica por excelencia: la disociación o la fragmentación, que se muestra como una habitación llena de granos variados ante los cuales se nos impone la tarea de diferenciarlos y reunirlos al mismo tiempo. Estos granos hay que verlos como fragmentos de nosotros mismos que psique tiene que diferenciar y clasificar.

[…]

En uno de sus seminarios alguien le pregunto a Jung qué era la locura, la esquizofrenia, y éste le respondió con una metáfora muy parecida a la imagen que tratamos. Dijo Jung: “Suponga que hay un señor que va por un camino con una carreta llena de manzanas y que por uno de los accidentes del terreno las manzanas se vienen al suelo. El esquizofrénico ante esta situación se sienta en una piedra no sabiendo que hacer. Eso es la locura: no saber como devolver las manzanas a la carreta. Jung agrega que, a nosotros, los más o menos normales, se nos salen las manzanas de la carreta a diario, pero hay algo que nos hace recogerlas y seguir la marcha con ellas. Nuestro quehacer psíquico diario es tratar de recoger las manzanas que están disociadas y seguir nuestro camino.

Con esta metáfora Jung pone cierto énfasis en el yo y en los elementos de la voluntad, que aparecen como la energía que hace posible recoger las manzanas. Al expresarse así fue fiel a su propia historia, a las fantasías yoicas alemanas del siglo XIX sobre la voluntad. Pero Jung sabia para ese entonces que en realidad los elementos que podrían ordenar las disociaciones psicóticas están más en el fondo del inconsciente, en la misma naturaleza. Parece ser que diferenciar, ordenar e integrar los elementos disociados de la psique requiere la intervención de algo mucho más profundo. Si leemos la imagen que nos da el cuento vemos que no es la voluntad de Psique sino su conexión con lo emocional lo que conmueve a las hormigas que colaboran con ella. Y encontramos que la emoción nos conecta con niveles más profundos que nos pueden ayudar.

[…]

Pero dejo al lector la libertad de concebir si es el yo o son las emociones los que se hacen cargo de una tarea tan importante como es la función automática de reunir. Pues no sabemos a ciencia cierta por qué reunimos y le damos una cierta coherencia a nuestro vivir en vez de enloquecer.

Eros y Psique – Rafael López-Pedraza

eros

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5 comentarios sobre “Eros y Psique: la mortificatio

  1. Afirma el presente rico analisis que : “Así la narrativa nos mueve a que nos detengamos en algo tan en algo tan importante como el maltrato por la culpa”. En ello estoy de acuerdo debido a que la propia autoría es libertad primero y asumirlo en cabalidad del control externo y las libres paredes interiores que cuidan el quetzalcoatl quien prefiero en lugar del Venus a veces bananarama lo cita en radical llama doble: tranquilidad e inquietante hiperrealidad!

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  2. El ensayo afirma que Jung pone cierto énfasis en el yo y en los elementos de la voluntad, que aparecen como la energía que hace posible la amistad y la buena convivencia de buena fe a convocar la coherencia y el valor humano sin importar el género femenino o masculino!

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    1. Así es, pero más importantes son las palabras con las que cierra el párrafo:

      “Si leemos la imagen que nos da el cuento vemos que no es la voluntad de Psique sino su conexión con lo emocional lo que conmueve a las hormigas que colaboran con ella. Y encontramos que la emoción nos conecta con niveles más profundos que nos pueden ayudar”.

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